Hoy en día es casi imposible concebir los espacios públicos y privados adecuados sin que se contemple un área dedicada para nuestras mascotas. Los espacios pet friendly más allá de representar un privilegio para unos cuantos, se han vuelto una necesidad que responde a por lo menos tres factores de los que hablamos en este post.
Algunos de ellos son: nuevos perfiles familiares, necesidad de áreas extra para compensar los espacios reducidos en los hogares –como departamentos o casas duplex—, e indudablemente, la accesibilidad para mascotas o perros de servicio de personas de la tercera edad.
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Un nuevo perfil de familia: Pet-parenting vs Paternidad

Es común observar en redes sociales –principales foros de adultos menores de 50 años–, que el desplazamiento del concepto de paternidad o maternidad por parte de las generaciones Millennials y Gen Z es una realidad creciente y en muchas regiones del mundo es unánime.
En su lugar, los adultos jóvenes han decidido asumir el pet-parenting: una tendencia responsable de tipo “parental” de una o varias mascotas. Con ello, los animales de compañía, como perros y gatos, dejan de ser sólo eso para convertirse en miembros oficiales de los núcleos familiares.
Ante el panorama poco favorable que reflejan la inestabilidad laboral y los altos costos de venta y renta de vivienda en zonas urbanas y conurbadas del mundo, muchos jóvenes eligen no ser padres y en su lugar optan por cuidar a un ser vivo que les permita precisamente formar un núcleo familiar funcional para sus intereses.
Para este sector de la población, los espacios pet friendly hacen posible que se dé una socialización con aquellos que comparten los mismos gustos y que también son afines en su amor por sus mascotas. Parques públicos, cafeterías, restaurantes, entre otros, representan un punto de encuentro que es valioso y que refrenda el respeto por su estilo de vida.
Y no nos olvidemos de lo más esencial: en los parques caninos los perrhijos pueden hacer verdaderas actividades y comportarse como lo que son: perros que ladran, se sacuden, corren, saltan y se revuelcan en compañía de otros peludos.
Mascotas y animales de servicios para adultos mayores

Para las personas de la tercera edad, contar con un gato o un perro representa la creación de un vínculo afectivo vital en esa etapa de su vida. De hecho, se ha constatado que los adultos mayores que viven solos se mantienen más motivados a realizar actividades cotidianas en compañía de sus mascotas.
Lo que es positivo si tenemos en cuenta las altas tasas de depresión y aislamiento que aquejan a este sector poblacional. Pues de acuerdo con el Instituto Nacional de Salud Pública, en México, entre las personas de 65 años o más que vivían solas a 2021, 1 de cada 2 experimentó soledad, mientras que 8 de cada 10 presentó aislamiento social.
Pero también estos animalitos significan una valiosa herramienta que les permite mantener su salud monitoreada. Especialmente los canes que son entrenados por años para esta finalidad
Por ejemplo, en aquellas personas mayores que padecen epilepsia, estrés postraumático, narcolepsia o afecciones cardíacas, los perros de servicio detectan cuando algo no está marchando bien (crisis convulsivas, desmayos, subidas de tensión arterial) y les ayudan a anticiparse para tomar medidas a tiempo.
Por lo anterior, se espera que aumente la cantidad de áreas pet friendly bien equipadas y accesibles, en las que tantos adultos mayores y sus mascotas/perros de servicio puedan llevar a cabo actividades recreativas y de acondicionamiento físico.
Espacios para mascotas y sus familias en complejos habitacionales

Hay un común denominador entre los modelos de vivienda de la actualidad, y es la reducción de metros cuadrados privados. Quienes viven en departamentos y condominios no gozan de las mismas mieles que las generaciones de hace 30 o 40 años, en los que las casas con garage, jardín y traspatio eran comunes. Ahora sólo se cuenta con la sala, las habitaciones y, en casos contados, con algún balcón.
Hace cuatro décadas el espacio público sí era vital para llevar un estilo de vida dinámico y para fraternizar con la comunidad, pero no representaba una extensión del hogar como hoy sí lo es. Especialmente para las mascotas de la familia.
De este aspecto surge que las áreas al aire libre para esparcimiento de residentes y sus mascotas cuenten con dog parks o parques caninos en los que los perros, principalmente, puedan desfogar la energía y estrés acumulados.
Además, es imprescindible acotar que estas áreas para mascotas estén bien delimitadas a fin de evitar que los peludos invadan otras zonas, como las infantiles, las canchas deportivas o las áreas para descanso. Fomentando la convivencia armónica y sin fricciones entre todos los residentes.
Contar con espacios pet friendly determina que haya mayor cohesión social, un cuidado más consciente de la salud pública y un ahorro sustancial en actividades de mantenimiento de los espacios comunes. Y, con ello, se contribuye a velar por la salud física y mental de las mascotas.
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